
Alicia en el País de las Maravillas (Matías Pradenas)
Capitulo 1
“En la Madriguera del Conejo”
Alicia empezaba ya a cansarse de estar sentada con su hermana a la orilla del río, sin tener nada que hacer: había echado un par de ojeadas al libro que su hermana estaba leyendo, pero no tenía dibujos ni diálogos. «¿Y de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?», se preguntaba Alicia.
Así pues, estaba pensando (y pensar le costaba cierto esfuerzo, porque el calor del día la había dejado soñolienta y atontada) si el placer de tejer una guirnalda de margaritas la compensaría del trabajo de levantarse y coger las margaritas, cuando de pronto saltó cerca de ella un Conejo Blanco de ojos rosados.
No había nada muy extraordinario en esto, ni tampoco le pareció a Alicia muy extraño oír que el conejo se decía a sí mismo: «¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Voy a llegar tarde!» (Cuando pensó en ello después, decidió que, desde luego, hubiera debido sorprenderla mucho, pero en aquel momento le pareció lo más natural del mundo). Pero cuando el conejo se sacó un reloj de bolsillo del chaleco, lo miró y echó a correr, Alicia se levantó de un salto, porque comprendió de golpe que ella nunca había visto un conejo con chaleco, ni con reloj que sacarse de él, y, ardiendo de curiosidad, se puso a correr tras el conejo por la pradera, y llegó justo a tiempo para ver cómo se precipitaba en una madriguera que se abría al pie del seto.
Un momento más tarde, Alicia se metía también en la madriguera, sin pararse a considerar cómo se las arreglaría después para salir.
Al principio, la madriguera del conejo se extendía en línea recta como un túnel, y después torció bruscamente hacia abajo, tan bruscamente que Alicia no tuvo siquiera tiempo de pensar en detenerse y se encontró cayendo por lo que parecía un pozo muy profundo. 
O el pozo era en verdad profundo, o ella caía muy despacio, porque Alicia, mientras descendía, tuvo tiempo sobrado para mirar a su alrededor y para preguntarse qué iba a suceder después. Primero, intentó mirar hacia abajo y ver a dónde iría a parar, pero estaba todo demasiado oscuro para distinguir nada. Después miró hacia las paredes del pozo y observó que estaban cubiertas de armarios y estantes para libros: aquí y allá vio mapas y cuadros, colgados de clavos. Cogió, a su paso, un jarro de los estantes. Llevaba una etiqueta que decía: MERMELADA DE NARANJA, pero vio, con desencanto, que estaba vacío.
No le pareció bien tirarlo al fondo, por miedo a matar a alguien que anduviera por abajo, y se las arregló para dejarlo en otro de los estantes mientras seguía descendiendo.
«¡Vaya! », pensó Alicia. «¡Después de una caída como ésta, rodar por las escaleras me parecerá algo sin importancia! ¡Qué valiente me encontrarán todos! ¡Ni siquiera lloraría, aunque me cayera del tejado!» (Y era verdad.)Abajo, abajo, abajo. ¿No acabaría nunca de caer?
-Me gustaría saber cuántas millas he descendido ya -dijo en voz alta-.
Tengo que estar bastante cerca del centro de la tierra. Veamos: creo que está a cuatro mil millas de profundidad...
Como veis, Alicia había aprendido algunas cosas de éstas en las clases de la escuela, y aunque no era un momento muy oportuno para presumir de sus conocimientos, ya que no había nadie allí que pudiera escucharla, le pareció que repetirlo le servía de repaso.
-Sí, está debe de ser la distancia... pero me pregunto a qué latitud o longitud habré llegado.
Alicia no tenía la menor idea de lo que era la latitud, ni tampoco la longitud, pero le pareció bien decir unas palabras tan bonitas e impresionantes. Enseguida volvió a empezar.
-¡A lo mejor caigo a través de toda la tierra! ¡Qué divertido sería salir donde vive esta gente que anda cabeza abajo! Los antipáticos, creo... (Ahora Alicia se alegró de que no hubiera nadie escuchando, porque esta palabra no le sonaba del todo bien.) Pero entonces tendré que preguntarles el nombre del país. Por favor, señora, ¿estamos en Nueva Zelanda o en Australia?
Y mientras decía estas palabras, ensayó una reverencia. ¡Reverencias mientras caía por el aire! ¿Creéis que esto es posible?
-¡Y qué criatura tan ignorante voy a parecerle! No, mejor será no preguntar nada. Ya lo veré escrito en alguna parte.
Abajo, abajo, abajo. No había otra cosa que hacer y Alicia empezó enseguida a hablar otra vez.
-¡Temo que Dina me echará mucho de menos esta noche ! (Dina era la gata.) Espero que se acuerden de su platito de leche a la hora del té. ¡Dina, guapa, me gustaría tenerte conmigo aquí abajo! En el aire no hay ratones, claro, pero podrías cazar algún murciélago, y se parecen mucho a los ratones, sabes. Pero me pregunto: ¿comerán murciélagos los gatos?
Al llegar a este punto, Alicia empezó a sentirse medio dormida y siguió diciéndose como en sueños: «¿Comen murciélagos los gatos? ¿Comen murciélagos los gatos?» Y a veces: «¿Comen gatos los murciélagos?» Porque, como no sabía contestar a ninguna de las dos preguntas, no importaba mucho cual de las dos se formulara. Se estaba durmiendo de veras y empezaba a soñar que paseaba con Dina de la mano y que le preguntaba con mucha ansiedad: «Ahora Dina, dime la verdad, ¿te has comido alguna vez un murciélago?», cuando de pronto, ¡cataplum!, fue a dar sobre un montón de ramas y hojas secas. La caída había terminado.
Alicia no sufrió el menor daño, y se levantó de un salto. Miró hacia arriba, pero todo estaba oscuro. Ante ella se abría otro largo pasadizo, y alcanzó a ver en él al Conejo Blanco, que se alejaba a toda prisa. No había momento que perder, y Alicia, sin vacilar, echó a correr como el viento, y llego justo a tiempo para oírle decir, mientras doblaba un recodo:
-¡Válganme mis orejas y bigotes, qué tarde se me está haciendo!
Iba casi pisándole los talones, pero, cuando dobló a su vez el recodo, no vio al Conejo por ninguna parte. Se encontró en un vestíbulo amplio y bajo, iluminado por una hilera de lámparas que colgaban del techo.
Había puertas alrededor de todo el vestíbulo, pero todas estaban cerradas con llave, y cuando Alicia hubo dado la vuelta, bajando por un lado y subiendo por el otro, probando puerta a puerta, se dirigió tristemente al centro de la habitación, y se preguntó cómo se las arreglaría para salir de allí.
De repente se encontró ante una mesita de tres patas, toda de cristal macizo.
No había nada sobre ella, salvo una diminuta llave de oro, y lo primero que se le ocurrió a Alicia fue que debía corresponder a una de las puertas del vestíbulo. Pero, ¡ay!, o las cerraduras eran demasiado grandes, o la llave era demasiado pequeña, lo cierto es que no pudo abrir ninguna puerta. Sin embargo, al dar la vuelta por segunda vez, descubrió una cortinilla que no había visto antes, y detrás había una puertecita de unos dos palmos de altura. Probó la llave de oro en la cerradura, y vio con alegría que ajustaba bien.
Alicia abrió la puerta y se encontró con que daba a un estrecho pasadizo, no más ancho que una ratonera. Se arrodilló y al otro lado del pasadizo vio el jardín más maravilloso que podáis imaginar. ¡Qué ganas tenía de salir de aquella oscura sala y de pasear entre aquellos macizos de flores multicolores y aquellas frescas fuentes! Pero ni siquiera podía pasar la cabeza por la abertura. «Y aunque pudiera pasar la cabeza», pensó la pobre Alicia, «de poco iba a servirme sin los hombros. ¡Cómo me gustaría poderme encoger como un telescopio! Creo que podría hacerlo, sólo con saber por dónde empezar.» Y es que, como veis, a Alicia le habían pasado tantas cosas extraordinarias aquel día, que había empezado a pensar que casi nada era en realidad imposible.
De nada servía quedarse esperando junto a la puertecita, así que volvió a la mesa, casi con la esperanza de encontrar sobre ella otra llave, o, en todo caso, un libro de instrucciones para encoger a la gente como si fueran telescopios. Esta vez encontró en la mesa una botellita («que desde luego no estaba aquí antes», dijo Alicia), y alrededor del cuello de la botella había una etiqueta de papel con la palabra «BEBEME» hermosamente impresa en grandes caracteres.
Está muy bien eso de decir «BEBEME», pero la pequeña Alicia era muy prudente y no iba a beber aquello por las buenas. «No, primero voy a mirar», se dijo, «para ver si lleva o no la indicación de veneno.» Porque Alicia había leído preciosos cuentos de niños que se habían quemado, o habían sido devorados por bestias feroces, u otras cosas desagradables, sólo por no haber querido recordar las sencillas normas que las personas que buscaban su bien les habían inculcado: como que un hierro al rojo te quema si no lo sueltas en seguida, o que si te cortas muy hondo en un dedo con un cuchillo suele salir sangre. Y Alicia no olvidaba nunca que, si bebes mucho de una botella que lleva la indicación «veneno», terminará, a la corta o a la larga, por hacerte daño.
Sin embargo, aquella botella no llevaba la indicación «veneno», así que Alicia se atrevió a probar el contenido, y, encontrándolo muy agradable (tenía, de hecho, una mezcla de sabores a tarta de cerezas, almíbar, piña, pavo asado, caramelo y tostadas calientes con mantequilla), se lo acabó en un santiamén.
.............
-¡Qué sensación más extraña! -dijo Alicia-. Me debo estar encogiendo como un telescopio.
Y así era, en efecto: ahora medía sólo veinticinco centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín. Primero, no obstante, esperó unos minutos para ver si seguía todavía disminuyendo de tamaño, y esta posibilidad la puso un poco nerviosa. «No vaya consumirme del todo, como una vela», se dijo para sus adentros. «¿Qué sería de mí entonces?» E intentó imaginar qué ocurría con la llama de una vela, cuando la vela estaba apagada, pues no podía recordar haber visto nunca una cosa así.
Después de un rato, viendo que no pasaba nada más, decidió salir en seguida al jardín. Pero, ¡pobre Alicia!, cuando llegó a la puerta, se encontró con que había olvidado la llavecita de oro, y, cuando volvió a la mesa para recogerla, descubrió que no le era posible alcanzarla. Podía verla claramente a través del cristal, e intentó con ahínco trepar por una de las patas de la mesa, pero era demasiado resbaladiza. Y cuando se cansó de intentarlo, la pobre niña se sentó en el suelo y se echó a llorar.
«¡Vamos! ¡De nada sirve llorar de esta manera!», se dijo Alicia a sí misma, con bastante firmeza. «¡Te aconsejo que dejes de llorar ahora mismo!» Alicia se daba por lo general muy buenos consejos a sí misma (aunque rara vez los seguía), y algunas veces se reñía con tanta dureza que se le saltaban las lágrimas. Se acordaba incluso de haber intentado una vez tirarse de las orejas por haberse hecho trampas en un partido de cróquet que jugaba consigo misma, pues a esta curiosa criatura le gustaba mucho comportarse como si fuera dos personas a la vez. «¡Pero de nada me serviría ahora comportarme como si fuera dos personas!», pensó la pobre Alicia. «¡Cuando ya se me hace bastante difícil ser una sola persona como Dios manda!»Poco después, su mirada se posó en una cajita de cristal que había debajo de la mesa. La abrió y encontró dentro un diminuto pastelillo, en que se leía la palabra «COMEME», deliciosamente escrita con grosella. «Bueno, me lo comeré», se dijo Alicia, «y si me hace crecer, podré coger la llave, y, si me hace todavía más pequeña, podré deslizarme por debajo de la puerta. De un modo o de otro entraré en el jardín, y eso es lo que importa.»Dio un mordisquito y se preguntó nerviosísima a sí misma: «¿Hacia dónde? ¿Hacia dónde?» Al mismo tiempo, se llevó una mano a la cabeza para notar en qué dirección se iniciaba el cambio, y quedó muy sorprendida al advertir que seguía con el mismo tamaño. En realidad, esto es lo que sucede normalmente cuando se da un mordisco a un pastel, pero Alicia estaba ya tan acostumbrada a que todo lo que le sucedía fuera extraordinario, que le pareció muy aburrido y muy tonto que la vida discurriese por cauces normales.
Así pues pasó a la acción, y en un santiamén dio buena cuenta del pastelito.
Pepito y sus amigos los animales
Pepe era un niño de tan solo 13 años que vivía con sus padres en un pequeño pueblo muy alejado de la ciudad. El iba a la escuela todos los días y en su casa siempre se encontraba su mama la cual lo esperaba con un plato de almuerzo o algún plato preferido de Pepito. Su padre era un conocido carpintero del pueblo y la mayota de la gente tenía una buena relación con la familia. Pepito era un nuño muy alegre y juguetón y tenia muchos amigos en el colegio en donde a veces los invitaba a jugar a su casa y se divertían por un par de oras. Pero esa no era la única entretención de Pepito; pues Pepito también le encantaba los animales e insectos que existían en la naturaleza del bosque y de la tierra yt muchas veces salía hacia el bosque con el fin de ver a los conejitos como corrían de un lado a otro o simplemente a ver a los insectos.
Pepito además era un excelente hijo, ya que, le ayudaba a su madre en todas las labores del hogar cuando pudiera y a su padre le ayudaba en el taller cuando se iba a carpintear. Pepito tenia muchas virtudes y dones, pero tenia un Don mágico y único que solo el podía experimentar y solo el tenia en su pueblo y en el mundo entero. Cuando nació ya era un niño especial ya que al nacer se pudo comunicar de inmediato con sus padres diciendo su primera palabra “mama”. Pepito tenía el Don de hablar con todos y con cualquiera de los animales del planeta; se podía comunicar con ellos de una manera casi inexplicable ya que los animales lo trataban como si fuera uno mas de su especie y lo aceptaban como uno de ellos. En la casa de Pepito también habían insectos y animales y el era amigos de todos ellos y les proporcionaba ayuda cuando la necesitaban.
Pepito todos los días una vez llegado de la escuela saludaba a su madre, a su padre que siempre se encontraba en su taller trabajando para poder satisfacer las necesidades básicas de vida. Pepito también saludaba a sus amigos animales; tenia en un rincón del comedor a su amigo el ratón que siempre le daba comida , generalmente trozos de queso y le contaba de todo lo que había vivido en la escuela.Tambien saludaba a otros amigos como el conejito Tom que vivía en los alrededores de la casa y en parte del bosque. Se encontraba su amiga araña la cual habitaba en la pieza de Pepito y también el mejor amigo de Pepito: el loro. Este último era el encargado de despertar a Pepito todos los días. Todos estos animales e insectos Vivian día a día con Pepito y según ellos fueron mandados por Dios a cumplir la tarea de ser buenos amigos de Pepito.
Pepito tenía muchos sueños para su vida. El siempre soñaba con tener un zoológico en donde pudiera tener todos los animales que quisiera y de esa forma poder cuidarlo y compartir gran parte de su tiempo con ellos. Cada vez que Pepito rezaba siempre le pedía a diosito que le cumpliera su sueño más grande y anhelado. Era un día cualquiera y Pepito venia recién llegando del colegio y su mama lo esperaba con un rico plato de comida: Pepito lo acepto con mucho aprecio y felicidad, tenía mucha hambre, y una vez que comió se fue a su pieza a realizar unas tareas que el profesor le había mandado. En su pieza se encontraba la araña que lo ayudaba a realzar la tarea y le iba apretando los números de la calculadora dándole los resultados Pepito y éste respondía su tarea y de esa forma quedo al día con todas sus tareas, entonces dijo ya es hora que juegue con mis demás amigos.
Se fue a jugar con los demás amigos animales; primero fue a ver al conejo que corría y corría por los patios de la casa y cuando vio a Pepito se alegro y lo saludo de inmediato y le dijo ola Pepito y el le respondió ¡ola conejo! Como as estado? Y el conejo le responde bien y tu Pepito, y después de conversar un rato fue a donde el loro que se encontraba en la cocina y le hablaba y le hablaba a la madre de Pepito mientras ella cocinaba para Pepito y su padre. Llego Pepito a la cocina saludando a su amigo loro y el loro deinmediatamente le pide a Pepito que jueguen a las preguntas del saber, y Pepito le responde que sí. Empiezan a jugar y los dos se realizaban preguntas de diferentes tipos y temáticas.Estuvieron haciéndose preguntas por largo rato y Pepito le hace una pregunta que al loro y lo deja pensando mucho pero se vuelve de ilusión cuando le pregunta.
Pepito le pregunta si le gustaría vivir en un zoológico acompañado por mas loros, y al loro se le llenan los ojos de lagrimas y le responde con emotividad: obvio que me encantaría Pepito, seria el loro mas feliz del mundo. De esta forma entonces Pepito le prometió que haría lo posible por tener un zoológico. Luego fue donde otro amigo; el ratón que como siempre se encontraba comiendo rebanaditas de queso que le daba la madre de Pepito mientras el no estaba. Lo saludo y jugaron el mismo juego que con el loro y en unas de esas preguntas Pepito repregunto lo mismo que el loro y el ratón hizo lo mismo que el loro; se le llenaron los ojos de lagrimas y le dijo a Pepito que le encantaría estar con otros amigos ratones. Entonces Pepito también le prometió que algún día lo tendría en un zoológico y se fue y dejo al ratón muy feliz.
Era un día de verano cuando frente a Pepito se le apareció una extraña imagen pero se apreciaba muy bonita y Pepito cuando la vio se sorprendió mucho y solo atino a escuchar lo que le decía. Era una especie de ángel que le dijo: tu fuiste elegido por Dios para tener un gran regalo, tu eres el único hombre de la tierra que tiene ese don tan mágico de hablar con los animales y por eso fuiste elegido y muy pronto veras el cielo y estarás junto a la gloria de Dios Y Pepito quedo atónito y casi se desmaya al escuchar eso, no lo podía creer. Finalmente el ángel le dijo que le cumpliría su sueño y que le tendría su zoológico en 3 días mas y podría tener a sus amigos los animales en ese tan anhelado espacio. La promesa fue cumplida y Pepito disfrutaba con todos sus amigos en el zoológico y sus padres muy orgullosos de el por lo logrado.
Definicion de cuentos fantasticos
Los cuentos fantasticos son todos los cuentos que narran echos que se presentan en la realidad pefro que en algun momento de la narración ay un quiebre de la realidad pasando a hechos o acciones de los personajes que sobrepasan lo sobrenatural y narran cosas que en la realidad no podrian pasar; se sumerge en un mundo lleno de fantasias e uluciones como tambien sueños.
¡OMG! Muchas Thanks por la imfo, Copy en la prueva con esta info grasias.
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